Ceuta no puede ser violenta

Diario La Rioja 3-9-2026


Ceuta no puede ser violenta

Lo que está sucediendo estos días en Ceuta nos preocupa a todos.

La llegada masiva de migrantes supone, sin duda, un problema de enorme gravedad que no se puede ignorar.

Una parte importante de la sociedad ceutí ha salido pacíficamente a la calle para expresar su malestar. Los ceutíes tienen derecho a estar hartos, a sentirse desbordados, a reclamar seguridad y a exigir respuestas al Gobierno y a las instituciones.

Pero no confundamos a quienes se manifiestan para reclamar soluciones con quienes convierten ese hartazgo en violencia. El hartazgo es una cosa y otra, muy distinta, la violencia.

Una minoría ha protagonizado episodios gravísimos: persecuciones, agresiones, destrozos e incendios. Se han destruido refugios improvisados para protegerse del sol y pasar la noche.

Eso ya no es protesta.

Una auténtica caza humana.

En un Estado de derecho, la protesta es legítima y debe poder ejercerse libremente. Pero la violencia no puede ampararse en ese derecho y debe ser perseguida con toda la contundencia de la ley.

No se puede permitir que unos pocos violentos hablen en nombre de 84.000 ceutíes ni que el malestar sea utilizado por la ultraderecha para alimentar el odio. La presencia de ultraderechistas llegados desde la península para apropiarse de un problema real y convertirlo en combustible de su discurso resulta inaceptable.

Frente a ello, la sociedad ceutí ha respondido desde la pluralidad. La convivencia entre credos y culturas forma parte de la vida de Ceuta y es una riqueza que nadie debería poner en riesgo. Miles de personas participaron en la convocatoria impulsada por las comunidades cristiana, musulmana, hebrea e hindú y por la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos. Fue una muestra de unidad por encima de diferencias. Cuando los extremistas aparecieron, numerosos vecinos salieron a rechazarlos.

Ceuta tiene derecho a reclamar soluciones. Nadie puede adueñarse de su voz para sembrar odio y confrontación. Cuando una protesta termina en violencia callejera, cuando unos pocos pretenden imponerse por la fuerza, hay una expresión que todos entendemos:

Kale borroka.

Tampoco deberíamos olvidar que toda persona tiene derecho a buscar un futuro mejor para sí misma y para sus seres queridos. La inmensa mayoría de quienes emigran lo hacen con la esperanza de trabajar, salir adelante y labrarse ese futuro. Haber nacido al otro lado de una frontera no convierte a nadie en delincuente.

Y para quienes delinquen están las leyes, con independencia de su nacionalidad: ni más duras ni más laxas para un migrante que para un español.

La solución está en las instituciones. Dejemos que hagan su trabajo. Exijamos que lo hagan bien: que gestionen eficazmente la situación migratoria y que den a Ceuta la seguridad y tranquilidad que merece.

Y dejemos trabajar a quienes prestan ayuda humanitaria.

Durante las protestas, una minoría bloqueó el paso a Cruz Roja, que transportaba alimentos para los migrantes.

Cruz Roja forma parte de un movimiento humanitario internacional que trabaja para proteger la vida y aliviar el sufrimiento bajo los principios de humanidad, imparcialidad y neutralidad.

Ayudar a quien sufre y proteger a los más débiles debería ser un principio básico de cualquier sociedad decente. También forma parte de la tradición cristiana que en España se invoca con frecuencia. Por eso, cuando alguien reivindica el cristianismo como parte de sus valores, resulta todavía más difícil entender que pueda considerar la ayuda humanitaria al necesitado parte del problema.

Cruz Roja no está allí para resolver la crisis migratoria, sino para hacer aquello para lo que fue creada: ayudar a quien lo necesita.

Al que tiene hambre se le da de comer.

No olvidemos a los periodistas. Hemos visto insultos, empujones, escupitajos y amenazas contra quienes estaban allí para contar lo que sucedía. La violencia no debe impedir que se informe sobre ella. La libertad de prensa y el derecho a recibir información son pilares democráticos.

Podemos discutir las políticas migratorias, exigir devoluciones cuando legalmente procedan, reclamar fronteras seguras y más medios policiales, estar en desacuerdo con el Gobierno… Podemos estar profundamente enfadados.

Pero hay algo que debe estar por encima de cualquier discrepancia: que las instituciones hagan su trabajo; que los responsables de la violencia respondan ante la justicia; que los ciudadanos puedan protestar; que los trabajadores humanitarios puedan trabajar; que los periodistas puedan informar; y que quien necesite socorro, sea socorrido.

En esto consiste un Estado social, democrático y de derecho.

Y Ceuta merece que nadie hable en su nombre para justificar la violencia.

Ceuta merece soluciones.


Logroño, 30 de agosto de 2026

Ignacio Achútegui Conde


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