Cuando La Rioja pierde su propia voz
Deja, oh Rioja, el torpe sueño en que con gusto y sin honor yacías; conoce tu interés. Manuel Pedro Sánchez-Salvador y Berrio «Doralio» (1796) Cada año, con motivo del Día de La Rioja, vuelvo al ordenador con la misma pulsión: escribir sobre ese sentimiento regionalista que abracé casi desde niño… Voy por los 62 y no albergo arrepentimiento alguno de mi trayectoria política. Cada año presento una tribuna de opinión con las reivindicaciones de siempre. Ser riojanista, en esencia, es vibrar con La Rioja hasta sentir dolor. Dolor por las carencias actuales, casi las mismas que las de aquellos lejanos días de 1978: cuando cantábamos «La Rioja existe» y cuando, en Nájera, se confirmó que «La Rioja empezaba a caminar». Porque de larga tradición decimonónica, el riojanismo no surgió como un capricho identitario o una moda pasajera. Fue la necesidad ― la necesidad siempre obliga― de hacernos visibles en un mapa rodeados de territorios más grandes y más fuertes; ...