Tenemos poco que celebrar
Tras largo tiempo de anhelos frustrados, noches sin dormir y bajas en el camino, al fin pudo ser, y a los cuarenta años una criatura fue alumbrada con cariño, ilusión y los nervios propios de padres primerizos. Hoy esa criatura cumple treinta y cinco años, algo que sería motivo de celebración, no lo es. Porque sus tutores no le permiten un progreso cabal, lógico y necesario. La Constitución de 1978 se encuentra coaccionada por los presuntos garantes de su desarrollo y en los últimos tiempos estamos asistiendo al derribo del estado social y de derecho enunciado en su artículo primero. A partir de 1978 la situación, sin ser perfecta, resultó una mejora en la salud sociopolítica de España respecto a siglos de absolutismo, dictadura y guerra por los que ha transcurrido la historia española; en pocos años se acabó con múltiples viejos esquemas -no todos- que impedían que ésta fuera una nación democrática. El injusto sistema autoritario quedó erradicado. Creíamos que para siempre… ...